jueves, 11 de febrero de 2016

La risa = medicamento

La risa: medicamento esencial
Publicado el marzo 17, 2011 por Vivi Cervera
Hace algunos días entré en un local de la ciudad donde sacan fotocopias y te encuadernan las hojas. Mientras yo era atendida, uno de los empleados prestaba mucha atención a una señora desesperada y encolerizada que había ido a quejarse de él y con él por una encuadernación que le había hecho recientemente. El muchacho la escuchaba, la miraba, hacía contacto con ella. Me di cuenta de que había RESPETO en su actitud, parecía comprenderla mientras la mujer vociferaba respecto del mal servicio del negocio. Yo estaba atenta a la situación sanando y aprendiendo de la mirada de ese muchacho que creo que estaba en mi escena para enseñarme algo más.
Cuando a la mujer se le “acabó la gasolina” y se quedó en silencio, el muchacho totalmente inmune al enojo de la señora, sonrió amable y sinceramente para decirle: “Entiendo lo que le ha sucedido y creo que es mi responsabilidad, voy a arreglarle todo, no se preocupe que va a quedar como a usted le gusta”. La mujer se tranquilizó lo suficiente como para decirme un poco apenada: “Hola, buenas tardes”. Yo sonreí y correspondí su saludo. Finalmente el muchacho trajo todo tal como se le había pedido y venía muy sonriente, continuaba siendo inmune a la mujer enojada, a los demás clientes, a la tienda e incluso a sí mismo.
En unos cuantos minutos yo había aprendido mucho del empleado de este negocio (por esto sé que siempre hay maestr@s rodeándome), quien parece fluir con la corriente del río, calmado, sonriente, dispuesto, flexible; sentimientos que a veces la rutina no nos deja encontrar. La mujer en cuestión salió feliz con su trabajo bajo el brazo, mientras el empleado le preguntaba sonriente a alguien más: ¿Ya le atendieron?
“La raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa”. Mark Twain
Aunque no siempre podamos estar sonrientes, aunque no todos los días podamos carcajear o reírnos de cosas simples como cuando éramos niñ@s, hay que reconocer que la sabiduría y la sonrisa van de la mano, que la salud y la sonrisa son aliadas, y que lo mejor de la vida siempre incluye una risa o una sonrisa, ya que tomarnos la vida tan en serio podría hacernos daño. No creo que debamos esperar a cumplir 90 años de edad para comprobar que la vida es una broma, estoy segura de que lo mejor es sonreír frente a esto de una buena vez, para quitarnos la seriedad de encima.
Recuerdo una película animada llamada Monster inc., en la cual se relata la historia de una fábrica que producía energía y ganaba dinero a partir de los gritos de los niños de la ciudad cuando se asustaban al ver un monstruo en el clóset de su cuarto. Sin embargo gracias a una serie de aventuras vividas por un par de monstruos bondadosos llamados Sully y Mike con una niña llamada Boo, se descubrió que la mayor producción de energía se generaba con la risa de los niños y no con sus gritos de terror.
La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz. Proverbio escocés.
La sonrisa es tan buena como la risa, pero si puedes reír en lugar de sonreír es mucho mejor ya que la risa es más profunda, más liberadora, más alegre. Son tantas las situaciones que puedes suavizar con una sonrisa y son tantas otras las que puedes sanar con la risa que este instante se presta para que conozcas la respuesta de tu cuerpo cuando ríes:
En primer lugar liberas unas hormonas llamadas endorfinas, las cuales son la fuente natural de la alegría y de la tranquilidad. Estas hormonas también son liberadas por el organismo como respuesta a diversas situaciones o actividades que desarrollamos y que nos causan agrado, placer, alegría. Cuando las endorfinas son liberadas en dosis suficientes, el dolor disminuye y aumenta el nivel de amor por ti y por la vida, lo que permite que veas a los conflictos y problemas como oportunidades para limpiar tu alma y no como castigos impuestos por lo Divino.
Sana el alma con la risa, tal como lo hace Patch Adams quien viaja por el mundo con voluntarios vestidos de payasos para entregar sonrisas a los pacientes que más lo necesitan. La vida de este escritor sirvió como inspiración para crear la película que lleva su nombre y que seguramente has visto.
La risa es muy contagiosa, imagino que en muchas ocasiones (tal como yo) te has encontrado en lugares donde debías comportarte de forma muy seria, pero repentinamente algo desencadena tu risa y las personas a tu alrededor te miran mientras tú te esfuerzas por guardar seriedad sin éxito y entre más te miran más risa te da y entre menos saben esas personas de qué te estás riendo, más risa les da, se ríen sólo con verte, hasta que todo se convierte en un encuentro masivo de risa donde algunos te piden silencio y la mayoría no puede parar de reír.
Me sucedió hace muchos años en navidad. Mi papá q.e.p.d., hacía oración con un libro de novenas y mi mamá, mis tres hermanos menores y yo escuchábamos con atención. De repente no sé qué ocasionó mi risa y sólo por respeto a la seriedad de mis padres como del momento, llené mi boca de aire y aguanté lo más que pude. Sin embargo, mis hermanos se dieron cuenta y el aire en complicidad con mi risa se escapó de mi boca sin que pudiera evitarlo; ellos también comenzaron a reír y todos reíamos sin que mis padres se dieran cuenta. Cuando lo hicieron, su mirada nos preguntó seriamente: ¿Se están riendo durante la oración? Pero también les había ganado la risa. Está de más decirte que la oración finalizó alegremente.
Atención: La risa es altamente contagiosa, por eso es bueno reír.
Con esto no quiero decir que es oportuno reírte en todos lados y a toda hora o que sea prudente reírte o burlarte de alguien más. No se trata de eso. Interpreta la risa como algo  espontáneo que sale del corazón, como agua que nace igual que un manantial, como algo que es inocente, que no lleva la intención de faltar al respeto o de burlarse porque casi siempre te ríes de ti, de algo que viviste, de algo que disfrutaste. Te ríes de cosas simpáticas, de momentos extraños donde algo motiva a tu boca para realizar un movimiento que genera más amor por ti. Te ríes porque necesitas de esa sensación inolvidable que te dice que todo está bien.
Para fruncir el ceño, necesitas poner en movimiento aproximadamente a 42 músculos; mientras que al reírte sólo utilizas a 12 de ellos. Es por esto que quienes ríen tienen menos arrugas que quienes fruncen el ceño. Como puedes notar, hay muchas más razones para reír que para lamentarse. Es así como comienzas a poner en marcha la ley de atracción.
Es por todo esto que mis boletines semanales llevan una pequeña dosis de humor, mis conferencias tienen instantes de humor y gran parte de mi día se llena con mi risa y con la tuya. Cree en tu risa. No esperes un motivo para mostrarle al mundo tu risa; la bondad nace en esos instantes donde ella prevalece.
Podrías llegar a equivocarte si pensaras que los caminos del espíritu están alejados de la risa, podrías llegar a confundirte si creyeras que tu maestr@ perdió su sentido del humor y que no sonríe; podrías incluso perderte si opinaras que tu Ser Superior o tu Dios no se ríe de los instantes más graciosos de su Creación.
Te abrazo.
Gracias por leerme




domingo, 7 de febrero de 2016

Somos la Vida

SOMOS LA VIDA, no hay lugar para el temor

De las afirmaciones que hizo Jesús, cada vez me parece más luminosa aquella en que dijo: “Yo soy la Vida”.
Es una palabra plena de sabiduría, que invita a salir de nuestra ignorancia básica y a reconocer la verdad profunda de esa expresión, aplicada a todos nosotros. Todos somos –y nunca podemos dejar de ser- Vida.
La ignorancia radical es la que hace reducir nuestra identidad a nuestra personalidad, haciéndonos creer que somos un “yo particular”, separado de los demás y desgajado de la Vida.
Esta creencia errónea es la fuente de todo sufrimiento, para nosotros mismos y para los demás.
Al identificarnos con el “yo individual” y creernos separados, nos sentimos “enfrentados” a la Vida y, en cierto modo, amenazados por lo que nos pudiera ocurrir. Eso nos hace vivirnos a la defensiva y, con frecuencia, en el temor.
Basados en la creencia (errónea) de la separación, dividimos todo lo que ocurre en “bueno” y “malo”, “positivo” y “negativo”, según los criterios del “yo particular” que creemos ser. Cuando sucede algo “positivo”, entramos en euforia; cuando, por el contrario, es “negativo”, nos sentimos frustrados.
Al mismo tiempo, nos situamos ante la realidad en clave de exigencia y de “debería”. Vivimos habitualmente enfrentados a lo que es, en la convicción de lo que “debería” o “no debería” ser. Con ello, no hacemos sino generar sufrimiento inútil: porque no existe sufrimiento mayor que el de oponerse a lo que es.
No hay liberación posible sin salir de aquella falsa creencia, es decir, sin comprensión (sabiduría).
La sabiduría consiste en reconocer que no existe nada separado de nada. Y que no hay nada que no sea manifestación y expresión de la única Vida. Todo es Vida, que se despliega –se “disfraza”- en infinitas formas: el nacer y el morir, la salud y la enfermedad, el éxito y el fracaso, el “bien” y el “mal” –etiquetas mentales-…: todo son “formas” que la Vida adopta.
Nosotros mismos somos la Vida, que ha adoptado una forma particular, en la personalidad concreta que tenemos. Pero la trampa consiste en creer que somos esa forma, en lugar de reconocernos como Vida.
Cuando reconoces que eres Vida, ¿dónde queda el temor, la ansiedad, la frustración, el sufrimiento…? Quedarán como inercias de nuestro mundo mental y emocional, pero podremos salir de ellos con más facilidad. Porque no miraremos los acontecimientos ni las circunstancias –sean cuales fueren- desde el yo que creíamos ser, sino desde la Vida que somos.
Visto desde ahí, caes en la cuenta de que todo lo que ocurra es expresión de la Vida: ¿cómo va a estar “mal”? La Vida no puede equivocarse.
No cabe error alguno: lo que sucede, es lo que tiene que suceder. Nunca puedes equivocarte, porque lo que hagas es lo que la Vida está haciendo en ese preciso momento. Como recuerda con frecuencia Jeff Foster, no tienes un destino prefijado: tu camino –tu destino- es lo que sucede.
Pero esto no puede verse ni entenderse desde la mente. Ella tiene sus propios parámetros, en la creencia de que es un hacedor independiente y autónomo, que puede actuar por su cuenta al margen de la Vida. Por eso, mientras alguien crea –y esta es la paradoja- que es un “yo particular” le resultará imposible comprender lo que se esconde detrás del “gran teatro del mundo”. Es necesario tomar distancia de la mente y a acceder a otro modo de ver –el “conocimiento silencioso” de sabios y de místicos- para percibir, sin duda alguna, que todo lo que captamos no es sino expresión multiforme de la Vida una, que es nuestra verdadera identidad.
Todo lo que te ocurra –estar sano o estar enfermo, tener éxito o fracasar, sentirte mejor o peor, comprender o no comprender, aceptar o rebelarte…-, todo sin excepción es Vida. Y la Vida es todo. Míralo desde ahí. No creas que tu yo se siente amenazado; reconoce que la Vida que eres toma ahora esa forma concreta… Pero sigue siendo Vida, y siempre está a salvo. Todo es Vida en un despliegue multicolor. Si lo ves, eso es Vida que se manifiesta; pero si no lo ves, eso es también Vida que se manifiesta de forma diferente. Suceda lo que suceda y estés como estés, incluso en el lecho de muerte, solo hay Vida –es lo que eres- adoptando formas cambiantes.
Por tanto, solo hay algo que podamos hacer: reconocernos en Ella y vivirnos desde Ella. La identificación con la mente y con el yo –de donde venimos- tendrá mucha fuerza y a veces nos sorprenderemos aún creyendo que somos esa forma; sin embargo, la práctica nos hará diestros en reconocer nuestra verdadera identidad.
A partir de ahí, ya no juzgaremos las cosas desde el yo, sino que únicamente veremos Vida en todo lo que se manifiesta.
Dejaremos de repetir el error de tomarnos todo “personalmente”, creyendo que somos la “persona” separada o “yo particular” –esta es la causa de nuestro sufrimiento- y aprenderemos a no “personalizar” nada de lo que sucede.
Y entonces también podremos estar disponibles y desapropiados para permitir que la Vida fluya sin bloqueos a través de nosotros.
Y lo que brota de ahí es Paz, Ecuanimidad y Compasión: la Vida que fluye en libertad…
Teruel, 25 enero 2015 por Enrique Martínez Lozano.