jueves, 31 de julio de 2014

SER FELIZ

Llega un momento en la vida, en que debes alejarte del drama sin motivo y de la gente que lo provoca, de la energía negativa y la queja como modo de expresión, rodeándote de personas que te hacen reír tan fuerte que te olvidas de lo malo y te enfocas solo en lo bueno, que te traten bien porque te quieren y arreglan las cosas hablando. La vida es demasiado corta para ser otra cosa que no sea ser FELIZ. 
UNÁMONOS a personas que piensen en POSITIVO.

viernes, 18 de julio de 2014

¿Qué busco?


A SOLAS CON SUS PENSAMIENTOS

Las personas aborrecen quedar a solas con sus pensamientos, prefieren una descarga eléctrica


Javier Sampedro, en El País.com, 3 julio 2014


No pienses en nada, deja la mente en blanco. Se dice pronto, pero no resulta nada fácil. En cuanto se pone uno a la tarea, resulta que nada empieza a ser algo. Peor aún, algo inaprensible y efímero como un espectro, un itinerario absurdo sin memoria del origen ni aspiración a un destino, una patera a la deriva sin la menor esperanza, una pesadilla de oscuridad y vacío. ¿Te ha pasado alguna vez? A los voluntarios del experimento de Timothy Wilson, un psicólogo audaz de la Universidad de Virginia, sí les ha pasado, y no una vez sino 11: durante los 11 interminables experimentos a los que han sido sometidos, y que seguramente no olvidarán en lo que les quede de vida.

El concienzudo estudio de Virginia muestra por encima de toda duda razonable que los humanos odiamos quedarnos solos con nuestros pensamientos, aunque solo sea 10 minutos. Si te dejan solo sin el móvil ni la tableta, sin el libro ni la música, tu pensamiento no logra concentrarse en nada y se limita a vagar de una cosa a otra de la forma más torpe e inútil. La experiencia es tan desagradable que el 67% de los hombres y el 25% de las mujeres prefieren recibir una descarga eléctrica antes de acabar esa experiencia pavorosa, esos 10 minutos de eternidad. Increíble pero cierto, y publicado en Science.

Pocos artículos técnicos vienen encabezados por una cita poética, pero en este caso Wilson, de manera comprensible, no ha tenido más remedio que recurrir al Paraíso perdido de Milton: "La mente es su propia morada, y en sí misma puede hacer un cielo del infierno, un infierno del cielo". Y sobre todo lo segundo, cabría añadir tras este trabajo.

"Nuestra investigación", dicen Wilson y sus colegas de Virginia y Harvard, "muestra que la mayor parte de la gente prefiere estar haciendo algo –incluso dañarse a sí mismos— que no hacer nada o sentarse en soledad con sus pensamientos". Los 11 experimentos muestran de distintas formas que los participantes, antes de quedarse solos consigo mismos, prefieren escuchar música, navegar por la red o mandar mensajes con su smartphone. Incluso recibir una desagradable descarga eléctrica y largarse a su casa antes de que pasen los 10 minutos. Cabe preguntarse qué ha sido de la proverbial gandulería que se le supone a la especie humana.

Los 10 minutos son solo un promedio: los experimentos oscilaron de 6 a 15 minutos –esto último ya una tortura—, e incluyen a gente de los 18 a los 77 años de todo tipo de extracción social y nivel académico y cultural. "Aquellos de nosotros que anhelamos tener un poco de tiempo para no hacer nada más que pensar", dice Wilson, "seguramente encontramos estos resultados sorprendentes; para mí desde luego lo son; ni siquiera la gente mayor mostró la menor debilidad por quedarse sola pensando".

El primer autor del estudio no cree que ese horror al vacío sea una consecuencia del ritmo frenético de la sociedad actual o la seducción incesante de las novedades tecnológicas. Más bien piensa que esa interminable sucesión de innovaciones técnicas es una consecuencia de nuestra sed natural de actividad. Primero fue el horror al vacío, y después vino Whatsapp a paliarlo. Antes había libros y punto de cruz para la misma función.

Wilson y sus colegas intentan averiguar ahora a qué se debe esa pasión de la gente por hacer cualquier cosa en lugar de no hacer nada. "Todo el mundo disfruta de vez en cuando soñando despierto", dice el psicólogo, "o fantaseando sobre cualquier cosa, pero este tipo de pensamiento parece ser placentero solo cuando ocurre espontáneamente, no cuando se le pide explícitamente a la gente que lo haga". Pedir a alguien que deje la mente en blanco no parece ser una gran ayuda.


La mente es en verdad su propia morada, dijo Milton. Pero, como señaló otro poeta, en ninguna parte se está como fuera de casa.

miércoles, 2 de julio de 2014

Desconectar en vacaciones

MADRID, 26 Jun. (EUROPA PRESS) -
La llegada del verano es sinónimo de vacaciones y descanso para muchos ciudadanos pero no todos llevan bien este momento ya que, como ha reconocido el vicepresidente de la Asociación Española de Psiquiatría Privada (ASEPP), José Antonio López Rodríguez, a las personas de naturaleza activa o con trabajos estresantes les suele costar mucho “desconectar” de su actividad laboral.
Este experto defiende que las vacaciones han de adaptarse a la personalidad del individuo y, en estos casos, deben “mantener” su nivel de actividad pero “con algo que nada tenga que ver con su actividad laboral”.
“Bajo ningún concepto han de seguir aquellos consejos bienintencionados de sus familiares y amigos que les instan a no hacer absolutamente nada durante las vacaciones, pues lo más seguro es que dicha inactividad acabe generándoles un cuadro de ansiedad”, ha explicado.
De hecho, reconoce que si tras probar con diversas actividades la persona no es capaz de relajarse, es probable que estemos hablando ya de algún tipo de problema relacionado con el estrés y “sería conveniente que aprendiera a vivir de otra manera con ayuda psiquiátrica”.
Frente a estos casos, existe otro perfil de individuos “mucho más relajados y tranquilos a los que las vacaciones de hamaca y la vida contemplativa durante el periodo vacacional les vienen perfectas para desconectar y cargar pilas de cara a la vuelta al trabajo”.
“El objetivo de las vacaciones es darle un descanso a nuestro cuerpo y a nuestra mente, sobre todo a nuestra mente, de modo que lo recomendable es cambiar de ritmo y de actividad y permitirnos tiempo y espacio para hacer aquellas cosas que siempre queremos hacer y que no hacemos”, asegura el doctor.
Además, el vicepresidente de ASEPP distingue dos partes importantes en las que han de dividirse las vacaciones. “La primera de ellas hace referencia a los primeros días, en los que es necesario un descanso físico, un sueño reparador que nos predisponga a estar descansados y disfrutar de la segunda parte de nuestras vacaciones”, explica el doctor.
Esta segunda parte tiene un componente más lúdico. “Olvidemos el reloj, los horarios impuestos por la sociedad y los teléfonos, dejemos de lado las prisas y dediquémonos a hacer lo que nos gusta, lo que siempre queremos hacer y en el día a día no nos da tiempo y lo más importante, dediquémonos tiempo a nosotros”.
SIN NECESIDAD DE HACER LARGOS VIAJES PARA DISFRUTARLAS
En este sentido, López Rodríguez reconoce no es necesario realizar un largo viaje o utilizar los lugares “ideados por el imaginario popular”, a veces impuestos por ese imperativo social de “copar todas nuestras horas libres con multitud de actividades” en lugar de “servir al cuerpo y la mente de un espacio donde abunde todo lo contrario: calma, serenidad y tranquilidad”.
“La sociedad en que vivimos parece tener cierto miedo a practicar el sano ejercicio de no hacer nada”, ha reconocido este experto. Además, el vicepresidente de ASEPP cree que en ocasiones es necesario crear hábitos individuales para la estabilidad mental del individuo.
Es ahí donde entra el concepto de tener “nuestra propia habitación, nuestro tiempo, nuestro espacio, exclusivamente para nosotros, no es para nuestros hijos, ni para nuestra mujer, marido, ni para el jefe”, ha explicado.
“Es vital en nuestra vida tener nuestra propia habitación, el lugar en el que uno entra solo y tiene todas sus cosas íntimas. Las vacaciones son el momento ideal para desarrollar este espacio personal. Todo individuo, necesita un momento, un espacio, un lugar, que sea solo para él”, insiste.
Un espacio propio y una calma que genera un ambiente distendido, sin presiones de ningún tipo que, para este experto, “es el momento perfecto para reflexionar sobre nuestra vida, en lo que hacemos a diario, ¿Es lo que nos gusta? ¿Nos hace felices? ¿Queremos cambiar algo? ¿Podemos cambiar algo? Traer de las vacaciones un propósito y llevarlo a cabo nos hará sentir que realmente han sido unas vacaciones descansadas, aprovechadas y meditadas”, ha concluido.
Una parte fundamental de las vacaciones, según el doctor López Rodríguez, ha de estar dedicada a la reflexión. “En un ambiente distendido, sin presiones de ningún tipo, es el momento perfecto para reflexionar sobre nuestra vida, en lo que hacemos a diario, ¿Es lo que nos gusta? ¿Nos hace felices? ¿Queremos cambiar algo? ¿Podemos cambiar algo? Traer de las vacaciones un propósito y llevarlo a cabo nos hará sentir que realmente han sido unas vacaciones descansadas, aprovechadas y meditadas”.

martes, 1 de julio de 2014

HORA DE DESPERTAR-Alan Watts


        Todo lo que “es”, eres tú. Y esto debería ser algo tan absolutamente obvio, mas no lo es ni por asomo. Debería ser la cuestión más sencilla de la vida que tú es lo que siempre ha sido y siempre será por siempre.
Pero hemos sido embaucados. Desde niños todos nos repetían: “eres poco”…, y nos lo creímos.
Por eso, no sé si entenderás cuando te digo –en formulación negativa- que no puedes cambiarte ni hacer nada para ser mejor; para ser más sereno, más feliz, más… místico. No puedes hacer lo más mínimo.
         Pero quizás puedas empezar a entenderlo si lo formulamos de forma positiva: no necesitas hacerlo porque, si te ves a ti mismo correctamente, verás el extraordinario fenómeno de la naturaleza que ya eres. Como son los árboles, las nubes, los patrones que forma el agua al correr, el fulgor del fuego, el titilar de las estrellas, las formas de las galaxias… Somos todos igual de maravillosos.
          No hay en ti nada erróneo. Lo único que ocurre es que tú tienes la idea de que hay algo mal en ti. Y si lo crees, lo habrá.
          Pero no hay nada malo. Todo forma parte del fluir, de lo que es.
          Por eso, tenemos que liberarnos del sentimiento de culpabilidad. Más aún: ni siquiera hay que sentirse culpable de sentir culpabilidad. Nos enseñaron a sentirnos culpables, y lo seguimos sintiendo. Y eso no se arregla porque alguien se te acerque y te diga que no debas hacerlo.
          No es que no “debas” sentirlo, sino que, si lo sientes, no te preocupes por ello.
        Si insistes en que no puedes parar de preocuparte, te diré: está bien, preocúpate. Esto es “dejarse fluir”.
          ¿Qué haces cuando no sabes qué hacer? Observas, simplemente observas lo que acontece. Como cuando alguien sigue una pieza musical: prestas atención y sigues su sonido. Y es así como hallas el sentido a la música. Tras un tiempo de adiestrarte en ello, hallarás el sentido a toda música. Y ese sentido será la música misma.