jueves, 2 de abril de 2015

Está bien, está bien.


El discípulo no entendía a su maestro. ¿Por qué cada vez que tenía una contrariedad o le sobrevenía una situación adversa el mentor le decía «está bien, está bien»? Llegó a preguntarse si es que al maestro jamás le sucedía nada desagradable o si era tan afortunado que nunca tenía adversidades o vicisitudes que enfrentar. Intrigado, le preguntó al mentor: -Pero ¿nunca te acontecen situaciones que no puedes resolver? No entiendo por qué siempre dices «está bien, está bien» cuando se te pone al corriente de alguna contrariedad o vicisitud.
El maestro sonrió y dijo:
-Sí, todo está bien, todo está bien.
-Pero ¿por qué? -preguntó escéptico e incluso un poco irritado el discípulo.
Y el maestro explicó:
-Porque cuando no puedo solucionar una situación en el exterior, la resuelvo en mi mente cambiando de actitud. Ningún ser humano puede controlar todas las circunstancias o situaciones externas, pero sí puede aprender a controlar su actitud ante las mismas. Por eso, para mí, todo está bien, todo está bien.
Comentario.
Hay una saludable disciplina para la mente. Yo la llamo «yoga», pero se la puede llamar como se quiera. Es un método para esclarecer los enfoques y empezar a ver las cosas como son y tener la capacidad de transformadas dentro de nosotros. Lo que para unos es una tragedia, para otros es un problema de escasa importancia. No es ni mucho menos insensibilidad sino comprensión y madurez. Todo fluye y nada permanece. Los budistas denominan esta característica de la existencia como «transitoriedad», «impermanencia» o «inestabilidad». Si queremos detener el río, estamos perdidos; si queremos empujado, también. El río de la vida sigue su curso. Los acontecimientos se suceden. A veces, hasta cierto punto, controlamos (o al menos lo parece) las circunstancias, pero otras muchas nos controlan. ¿Conoces la historia del mosquito sobre el elefante? El mosquito piensa en ir hacia la derecha y en ese momento el elefante gira casualmente a la derecha y el animalillo piensa: «Soy fabuloso. ¡Cómo domino al elefante!». Unos segundos después el elefante estornuda, y ya imaginas lo que sucede con el mosquito. Pues la vida tiene vicisitudes y las circunstancias muchas veces nos controlan. Se abre el abismo. Resulta que todo parecía estar muy bien y de repente todo se desbarata. El abismo de lo imprevisto, lo inescrutable, el lado desconocido e incontrolable de la vida.
Todo parece discurrir con mucha fortuna. Llega el infortunio, del mismo modo que una estación sigue a la otra, y el ocaso al amanecer. El que comprende, permanece tranquilo. El que no comprende, se alarma, se desgarra, añade sufrimiento al sufrimiento, se lamenta y llora. No puede controlar las circunstancias. ¿Qué puede hacer? Puede cambiar su punto de vista ante las mismas, su enfoque o actitud. No puede resolver nada fuera, pero sí puede hallar una solución dentro de sí mismo. Pero incluso la adversidad puede instrumentalizarse para el autodesarrollo. Si uno sabe no añadir sufrimiento al sufrimiento, todo puede ser para bien. Espera, sé paciente, no te debatas contra las circunstancias inevitables. Ahorra tu fuerza. No desperdicies tus energías enfrentándote al muro y golpeándote contra él. Fuera de ti está el muro, pero no dentro de ti. Si esperas, también el muro exterior desaparecerá.
A veces nos toma la nube del desaliento, porque somos humanos. Hay una meditación muy humana: la del llanto. Llorar conscientemente. El desaliento tampoco es permanente, se irá. No siempre hay soluciones en el exterior; la demanda excesiva de seguridad es una neurosis, porque reclamamos lo que no es posible y, como dijera Tennyson, «la única seguridad yace sobre la inseguridad». No es fácil convivir con ésta, sentirse amenazado por el cambio, aprender a mantener el punto de quietud cuando llegan los «tornadas» existenciales. Apela a tu actitud y mantén la mente atenta y serena. Piensa: «Esto pasa».
Estate tranquilo. ¿De qué sirve tensarse si no es para impedir que aflore la energía? Incluso tal vez logres un día dar un paso más allá y decir: «Está bien, está bien».
Conocí a un maestro que decía: «Ni en el gusto ni en el disgusto estoy yo». Quizá por eso parecía una gacela, sutil, elegante en sus movimientos, fluido y sin crispación. Carecía de un ego que estuviera en el gusto o en el disgusto. No se puede dividir la vida en dos, placer y dolor, y quedarse sólo con el placer. Le dijeron en una ocasión a Buda: «Pero, señor, hablas mucho del sufrimiento». Repuso: «No es que no haya placer, queridos míos, pero también existe el dolor. Enseño la causa de éste y el modo de superarlo». Hay un antiguo adagio que nos instruye así: «El problema comienza cuando empezamos a hacer distinción entre el placer y el dolor». Placer, a un lado; sufrimiento, a otro; como el péndulo que oscila entre ambos lados, si desarrollamos la conciencia y la ecuanimidad, podemos situarnos mentalmente en la parte alta del péndulo y ver los extremos manteniendo una actitud de quietud y equilibrio.

(Ramiro Calle- El libro de la serenidad)

1 comentario:

  1. Hoy quiero aportar un extracto del Cántico Cósmico escrito por Ernesto Cardenal

    ".........
    La tendencia de los átomos a combinarse
    -¿se juntaron sólo por azar?-
    ha producido la vida.
    (La vida, una forma ordenada de la materia.)
    Las estrellas y la vida.
    Desde el hidrógeno al hombre
    hay un propósito.
    Podemos decir : la vida es inherente a la materia.
    Y también al amor.

    La multiplicación de la vida por división
    y de pronto al revés: la unión. No sabemos
    cuándo ni cómo, en qué microscópico, casi invisible
    paraíso
    se unieron dos células cualquiera
    entre miles de millones de otras.
    La revolución más grande ocurrida en la tierra.
    Hace tres mil quinientos millones de años
    ya había células que habían conocido la sexualidad.
    Con la sexualidad y la muerte la vida en serie
    dio lugar a la diversidad de la vida.
    Todos distintos unos de otros.
    La muerte fue haciendo la vida más y más variada.
    Un cambio de cromosomas en cada nueva generación.
    Cada uno producto de la unión de dos
    y cada uno distinto de los dos.
    - Un quitar para aumentar.
    La variación de los individuos cada vez mayor.
    Y así la sexualidad y la muerte fueron
    la aceleración de la antes tan lenta evolución.

    Tan sólo el amor une sin destruir.
    La fusión que no da muerte y sí da vida
    es sólo la del amor.
    No lo creemos
    a pesar de la experiencia
    de la reproducción humana.
    Así es que nada está quieto.
    Del gas salen las galaxias,
    de ellas brotan las estrellas como flores,
    los átomos se hacen moléculas, las moléculas células
    y de las células salen flores, animales.
    Y la cuestión de que todo es rotación.
    Coro de danza.
    Armonía , pero de jazz.
    Danza desde los átomos hasta los astros.
    Según Rowland el átomo de hidrógeno
    es como la vibración de una sola cuerda de guitarra
    y el del mercurio como un gran piano.
    Son círculos el sol y la luna, el horizonte es círculo,
    sus tiendas son circulares y acampan en círculo,
    en sus ceremonias están sentados en círculos,
    días y noches forman círculos, el año es un círculo,
    y en círculo van pasando la pipa sagrada.
    Los mismos que invocan "La fuerza que mueve", y le dicen
    en sus tiendas sucias de cuero de búfalo:
    "El pedacito de vida que no has dado...."
    Y también dicen: "¿Qué es la vida sino amor?"
    Según Dirac la belleza de la ecuación
    importa más que su acomodo al experimento.
    La creación la hiciste demasiado bella
    y nos enamoramos, mas no de vos.
    Y en el erotismo, Señor, se te fue la mano.
    ..................
    Ah, cosmos chiquito.
    Algo onírico hay en la mujer, algo como nacido
    del sueño del varón.
    Su sexo, ese poquito de infinito.
    Atracción de ese rincón de la mujer.
    Cueva de los misterios.
    Por lo que somos tantos en la tierra.
    ................"

    salud

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