viernes, 6 de febrero de 2015

KRISHNAMURTI Y LA MEDITACIÓN

... ideas extraídas de diferentes libros...
La meditación es realmente muy sencilla. Nosotros la complicamos. Tejemos alrededor de ella una telaraña de ideas -de lo que es y de lo que no es.  Por ser tan sencilla es por lo que nos evade, porque nuestras mentes son tan complicadas e insensibles por el paso del tiempo.
Pero la meditación surge natural, mientras se camina por la arena de la playa, o cuando se mira a través de la ventana, o mientras uno ve las colinas quemadas por el sol del reciente verano.
Si caminamos solos en medio de la montaña o en el bosque, en esa soledad sabemos lo que es la meditación. El éxtasis de la soledad surge cuando uno no tiene miedo de estar solo – cuando no se pertenece a las cosas del mundo o se está apegado a cosa alguna.
Entonces, al igual que esa alborada que surgió esta mañana, el silencio surgirá también serenamente y dejará una estela dorada a su paso, la cual existía al principio, existe ahora y existirá siempre.
Es de enorme importancia conocer y comprender la profundidad y la belleza de la meditación. Desde tiempos inmemoriales, el hombre siempre se ha planteado la pregunta de si existe algo más allá del pensamiento, más allá de las invenciones románticas y  más allá del tiempo.
Siempre se ha  preguntado, ¿existe algo más allá de todo este sufrimiento, más allá de todo este caos, más allá de las guerras, de la constante lucha entre los seres humanos? ¿Existe algo que sea inmutable, sagrado, absolutamente puro, no contaminado por ningún pensamiento ni por ninguna experiencia? Desde los tiempos antiguos, éste ha sido el interrogante de todas las personas serias. Para descubrirlo, para dar con eso, es imprescindible la meditación,  pero no  la  meditación  repetitiva que no tiene ningún sentido. Cuando la mente está libre de todo conflicto, de cualquier afán del pensamiento, entonces existe una energía creativa que es verdaderamente religiosa. Dar con esa energía que no tiene principio ni fin es la verdadera profundidad y belleza de la meditación lo cual requiere  libertad  de todo condicionamiento.
Así que hay un origen, una “base” inicial desde la cual surgen todas las cosas, y esa “base” inicial no es la palabra; la palabra nunca es la cosa. La meditación consiste en dar con esa “base” que es el origen de todas las cosas y que está libre de todo tiempo. Éste es el camino de la meditación, y bienaventurado es el que lo descubre.

Las necesidades básicas para descubrir aquello que está más allá de la medida del pensamiento, para descubrir algo que el pensamiento no ha producido son tres:
1) se debe producir un estado de altísima sensibilidad e inteligencia en la mente;
2) ésta debe ser capaz de percibir con lógica y orden;
3) finalmente, la mente debe estar disciplinada en alto grado.
Una mente que ve las cosas con total claridad, sin distorsión alguna, sin prejuicios personales, ha comprendido el desorden y está libre de él; una mente así es virtuosa, ordenada. Sólo una mente muy ordenada puede ser sensible, inteligente.
Es preciso estar atento al desorden que hay dentro de uno mismo, atento a las contradicciones, a las luchas dualísticas, a los deseos opuestos, atento a las actividades ideológicas y a su irrealidad. Uno ha de observar "lo que es" sin condenar, sin juzgar, sin evaluar en absoluto.
La meditación es la comprensión de uno mismo y, por lo tanto, significa echar los cimientos del orden —que es virtud— en el cual existe esa cualidad de disciplina que no es represión ni imitación ni control. Una mente así, se halla, entonces, en un estado de meditación.
Meditar implica ver muy claramente, y no es posible ver claramente ni estar por completo involucrado en lo que uno ve, cuando hay un espacio entre el observador y la cosa observada. Cuando no hay pensamiento, cuando no hay información sobre el objeto, cuando no hay agrado ni desagrado sino tan sólo atención completa, entonces el espacio desaparece y, por lo tanto, está uno en relación completa con esa flor, con ese pájaro que vuela, con la nube o con ese rostro.
Es sólo la mente inatenta que ha conocido lo que es estar atenta, la que dice: "¿Puedo estar atenta todo el tiempo?" A lo que uno debe estar atento, pues, es a la inatención. Estar alerta a la inatención, no a cómo mantener la atención. Cuando la mente se da cuenta de la inatención, ya está atenta —no hay que hacer nada más.
La meditación es algo que requiere una formidable base de rectitud, virtud y orden. No se trata de algún estado místico o visionario inducido por el pensamiento, sino de algo que adviene natural y fácilmente cuando uno ha establecido las bases de una recta conducta. Sin tales bases, la meditación se vuelve meramente un escape, una fantasía. De modo que uno ha de asentar esas bases; en realidad, esta misma manera de asentar las bases, es la meditación.
Los meditadores profesionales nos dicen que es necesario ejercer el control. Cuando prestamos atención a la mente, vemos que el pensamiento vaga sin rumbo, por lo que tiramos de él hacia atrás tratando de sujetarlo; entonces el pensamiento vuelve a descarriarse y nosotros volvemos a sujetarlo, Y de ese modo el juego continúa interminablemente. Y si podemos llegar a controlar la mente de manera tan completa que ya no divague en absoluto, entonces —se dice— habremos alcanzado el más extraordinario de los estados. Pero en realidad, es todo lo contrario: no habremos alcanzado absolutamente nada. El control implica resistencia. La concentración es una forma de resistencia que consiste en reducir el pensamiento a un punto en particular. Y cuando la mente se adiestra para concentrarse por completo en una sola cosa, pierde su elasticidad, su sensibilidad, y se vuelve incapaz de captar el campo total de la vida.
El principio de la meditación es el conocimiento de uno mismo, y esto significa darse cuenta de todo movimiento del pensar y del sentir, conocer todas las capas de la conciencia, no sólo las superficiales sino las ocultas, las actividades profundas. Para ello, la mente consciente debe estar serena, calma, a fin de recibir la proyección del inconsciente. La mente superficial sólo puede lograr tranquilidad, paz y serenidad, comprendiendo sus propias actividades, observándolas, dándose cuenta de ellas; cuando la mente se da plena cuenta de todas sus actividades, mediante esa comprensión se queda en silencio espontáneamente; entonces el inconsciente puede proyectarse y aflorar. Cuando la totalidad de la conciencia se ha liberado, sólo entonces está en condiciones de recibir lo eterno.
Entre dos pensamientos hay un periodo de silencio que no está relacionado con el proceso del pensamiento. Si observas, verás que ese período de silencio, ese intervalo, no es de tiempo, y el descubrimiento de ese intervalo, la total experimentación del mismo, te libera del condicionamiento.
La meditación no es un medio para algo. Descubrir en todos los momentos de la vida cotidiana qué es verdadero y qué es falso, es meditación. La meditación no es algo por cuyo medio escapáis. Algo en lo que conseguís visiones y toda clase de grandes emociones. Mas el vigilar todos los momentos del día, ver cómo opera vuestro pensamiento, ver funcionar el mecanismo de la defensa, ver los temores, las ambiciones, las codicias y envidias, vigilar todo esto, indagarlo todo el tiempo, eso es meditación, o parte de la meditación. No tenéis que acudir a nadie para que os diga qué es meditación o para que os dé un método. Lo puedo descubrir muy sencillamente vigilándome. No me lo tiene que decir otro; lo sé. Queremos llegar muy lejos sin dar el primer paso. Y hallaréis que si dais el primer paso, ese es el último. No hay otro paso.

El percibir sin el yo, en la meditación, es entrar en comunión con lo inmenso. En la percepción de la meditación no existe objeto alguno y por lo tanto no hay experiencia. La meditación puede suceder, incluso cuando uno tiene los ojos abiertos y está rodeado de objetos, pero uno los ve sin que exista el proceso de reconocimiento.
En esa meditación se activa un gran éxtasis que brinda al cerebro y al corazón la cualidad de la inocencia y ella abre la puerta a lo inconmensurable.
 “El principio de la meditación es el conocimiento de sí mismo. Cuando las actividades del yo han cesado, sólo entonces hay silencio. Ese silencio es la verdadera meditación y, en ese silencio, lo eterno se manifiesta”.
 “En primer lugar, la mente debe estar callada, prestando la máxima atención, pero sin calificar, comparar ni desear nada. Ese estado de atención en el que el “yo” se encuentra totalmente ausente, es meditación."
 “La meditación implica atención, cuidado, atenta observación de todo pensamiento, acción o cosa, sin calificar, aceptar o rechazar, ya que todo ello es obra del pensamiento, del tiempo y del pasado."

" Krishnamurti introdujo a los niños en el conocimiento propio y en la meditación. Al final de una charla dijo: “Ante todo permanezcan así sentados en completa quietud, cómodamente, muy serenos, relajados; les mostraré: Ahora, miren los árboles, las colinas, la sombra de esas colinas, mírenlas, miren la cualidad de su color, obsérvenlas. No me escuchen a mí. Observen y vean esos árboles. No los miren con la mente, sino con los ojos. Después de haber mirado todos los colores, la forma del suelo, de las colinas, de las rocas, la sombra que proyectan, trasládense entonces de lo externo a lo interno y cierren los ojos, cierren los ojos completamente. Han terminado de mirar las cosas exteriores y ahora, con los ojos cerrados, pueden mirar lo que ocurre dentro. Observen lo que ocurre dentro de ustedes, no piensen, sólo observen, no muevan los globos oculares, manténgalos muy, muy quietos, porque ahora no hay nada que ver con ellos, ustedes han visto las cosas que les rodean, ahora están viendo lo que ocurre dentro de la mente, y para ver lo que ocurre dentro de la mente deben estar muy quietos en lo interno. Y cuando hacen esto, ¿saben lo que les sucede? Se vuelven muy sensibles, muy atentos a las cosas externas e internas. Entonces descubren que lo externo es lo interno, descubren que el observador es lo observado”.
"La meditación implica vaciar de su contenido a la conciencia. Sólo entonces pueden la mente y el cerebro estar absolutamente quietos. Esa quietud absoluta es indispensable para observar. (…) La meditación implica la calidad de una mente por completo silenciosa, no silenciada."

"La meditación es el sentido de la completa comprensión de la totalidad de la vida. Es el silencio absoluto de la mente. Sólo en ese silencio total se encuentra la Verdad."

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tus aportaciones son muy valiosas. GRACIAS POR TU COMENTARIO.