sábado, 10 de enero de 2015

VIVIR EN LA ATENCIÓN

VELAR: VIVIR EN LA ATENCIÓN


La palabra de Jesús (“velad”) bien podría traducirse por “estad atentos”, “estad despiertos”.
Lo opuesto a la atención es la rutina y el modo de funcionar en “piloto automático”. La rutina tiene la “ventaja” de que facilita las cosas y nos otorga una cierta sensación de seguridad: nos movemos por caminos trillados en los que todo resulta familiar. Los hábitos permiten que hagamos muchas cosas sin ni siquiera tener que pensar: las hace el “piloto automático”.
Sin embargo, y aun reconociendo la necesidad de hábitos –de aprendizajes automatizados-, si no estamos atentos, ese modo de funcionar tiene un precio muy alto que puede llegar a manifestarse como aburrimiento y vacío. Perdemos la novedad y el frescor de la vida. En realidad, más que vivir, vegetamos, sobrevivimos o actuamos.
La atención, por el contrario, nos conecta con la vida, porque nos trae al presente. Y el presente es el único lugar de la vida. Gracias a la atención, vivimos en la consciencia, acogiendo todo desde la lucidez y amando todo desde la sabiduría. Nos alineamos con la corriente de la vida, y venimos a hacer el descubrimiento mayor al que podemos aspirar: que la consciencia no es solo una actitud que podemos favorecer, sino que constituye nuestra verdadera identidad.
No soy un yo capaz de poner atención o consciencia en lo que hago. Soy la única Consciencia que penetra todo lo real y en todo se expresa. Consciencia que se halla siempre a salvo y que –al hilo de las palabras de Jesús- nunca puede ser sorprendida por ladrones o peligros de ningún tipo.
Decía que la “vigilancia”, de que habla el evangelio, no es sino otro nombre de la “atención”. Gracias a ella, habitamos el momento presente, dejándonos fluir con la vida misma.
Pero, para ello, debido a la inercia de un funcionamiento que nos había encerrado en la mente, necesitamos una práctica continuada, que nos vaya adiestrando en desarrollar una capacidad de presencia tal que, progresivamente, nos conduzca a hacernos conscientes de nuestra identidad más profunda.
Esta es, precisamente, la riqueza que el presente encierra: al venir a la Presencia, experimentamos que somos ella misma. El yo es sólo un “objeto” dentro de la Presencia consciente que somos.
Pero esta identidad no está al alcance del pensamiento; emerge, cuando la mente se silencia. Relájate, hazte presente a ti mismo/a, suelta todos los pensamientos y preocupaciones, y quédate sólo aquí y ahora… En ese mismo momento, te apercibirás de que “Todo es”. Déjate estar ahí, en el desnudo “estar”…
Venir al presente implica acallar la mente (pensante), situándonos como “testigos” desapasionados de todo lo que se mueve en ella y aprendiendo a descansar en el silencio mental.
Y, en medio de cualquier actividad, acostúmbrate a preguntarte: ¿Estoy completamente aquí? El cultivo de la atención hará posible la salida progresiva del sueño y de la ignorancia para poder vivir en la luz. La práctica continuada, no solo hará que saboreemos la vida, sino que reconozcamos y nos familiaricemos con nuestra verdadera identidad: en sentido absoluto, no somos la “ola” que emerge haciendo piruetas, sino el “océano” de donde la ola surge. Ver esto es “estar despiertos”.

1 comentario:

  1. El piloto automático está bien y funcionar en modo autómata también, ahora bien, no saber hacerlo con atención o contemplar cómo se extravía o distrae una y otra vez es más interesante.
    Cuando juego con la atención, a veces no sé muy bien dónde enfocarla. Unas veces lo hago hacia fuera, en lo que hago, otras hacia dentro, en lo que pienso y siento, otras en cómo camino o cómo respiro o en lo que oigo o en lo que me llega a través de los sentidos. A veces me parece que la atención se expande si estoy en el no hacer o en modo relajado.

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