martes, 7 de octubre de 2014

¿El último Dalai Lama?

             Su Santidad el Dalai Lama ha sugerido que podría renunciar a renacer como tal y, por lo tanto, a sucederse a sí mismo en su próxima reencarnación. Ya no habría más Dalai Lamas, y quedaría derogada una institución que ha regido al budismo tibetano desde hace 450 años. Es como si el papa no solo dimitiera, sino que además derogara el papado. ¿Sería grave para los católicos quedarse sin papa ni papado? ¿Sería grave para los budistas tibetanos quedarse sin Dalai Lama? No, no sería grave. Y algún día será.
Permítaseme un breve rodeo para recordar la creencia budista del renacimiento, por conocida que sea: cuando morimos volvemos a nacer en un cuerpo distinto, pero siempre sufriente, y así una y otra vez, hasta que lleguemos a disolver todo apego a nuestro ego. Renacer es sufrir. Despertar o ser Buda y disolverse en el Puro Ser o en el Nirvana o en la plenitud del Vacío es la máxima aspiración de un budista. Bien, pero en la corriente mayoritaria del budismo (mahayana), y también en el budismo tibetano, hay seres humanos que, habiendo llegado a ser Buda y pudiendo por tanto liberarse del renacimiento, optan por renacer en un cuerpo sufriente, y ello por pura compasión, para seguir ayudando a liberarse a todos los seres vivientes, sufrientes. Y así cada vez que mueren hasta que todos los seres dejen de sufrir, o dejen de renacer y lleguen a SER. A tales Budas que renacen por compasión se les llama bodhisattvas.
Pues bien, el Dalai Lama, nombre que significa “océano de la sabiduría”, es uno de ellos. El actual sería la decimocuarta reencarnación del Gran Lama tibetano Gedun Drup muerto en 1474, venerado a su vez como encarnación de Chenrezig, el buda divinizado de la compasión, el gran Bodhisattva. Cuando muera, sus mejores discípulos, a través de visiones y de complejas verificaciones, deberían identificar al niño en el que se ha reencarnado, y designarlo como nuevo Dalai Lama.
¿Pero qué pasa si el Dalai Lama decide en vida que no va a reencarnarse con ese papel? ¿Significaría que prefiere instalarse para siempre en su feliz condición de buda celeste, renunciando a la compasión? De ningún modo. Sería más bien una prueba más de su sabiduría espiritual, que sabe distinguir en su tradición budista lo que es esencial – eldesapego radical del ego y la compasión universal para con todos los seres– de lo que son creencias o prácticas de gobierno trasnochadas, propias de culturas del pasado. Y, por cierto, sería una buena lección para el Vaticano y su arcaico papado medieval, con su poder absoluto e infalible, vuelto ya insostenible, y más con el evangelio en la mano.
Sería también un acto de resistencia no violenta frente al régimen chino ocupante del Tíbet. Ya en el año 2011 el Dalai Lama renunció a su poder político y asignó al pueblo tibetano la responsabilidad de su destino, cosa que molestó sobremanera a China; ahora parece que se dispone a devolver a la comunidad budista el poder religioso, para que sea ella quien elija a sus representantes espirituales, y también esto disgustará a China, que aspira a controlar igualmente el poder religioso del Tíbet.
Si el Dalai Lama derogara esa vieja institución, los budistas ganarían. En cuanto a los que no somos budistas, no nos importa que se “reencarne” o no, o en qué cuerpo lo haga. Nos importa lo que nos enseña hoy: el camino de la transformación de la mente, el camino de la paz, el camino de la liberación profunda; nos enseña que podemos ser personas mejores y más felices, y que para ello debemos pensar de otra manera y desarrollar un nuevo mundo interior; nos enseña que la fuerza y la violencia no son el camino de la auténtica victoria, que solo el diálogo y la tolerancia, el cuidado, la responsabilidad y el perdón nos permitirán ser felices, salvar la humanidad, salvar el planeta; nos enseña que la religión verdadera es aquella que nos lleva a ser mejores, pero que, para ser mejores, no necesitamos ninguna religión, sino fe en la bondad. Y lo que enseña lo vive y lo encarna hoy, y hoy es siempre. ¡Gracias, Santidad!
¡Ojalá nazcan muchos que vivan y enseñen como él, sean o no reencarnación suya y se llamen o no como él! Al fin y al cabo, ¿acaso no somos Uno todos los seres?

Joxe Arregi

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