viernes, 11 de octubre de 2013

PINTA LA VIDA CON LOS COLORES DE TU CORAZÓN


 
Tu dolor, mi dolor… nuestro dolor
El EGO, como fuente de los males de la humanidad. El EGO, como fuente de los desastres personales. Esa y no otra, es la causa de todo el dolor que padece el mundo. Tu dolor, mi dolor… NUESTRO dolor.
A lo largo de toda la historia de la humanidad, varias son las ideas comunes de muchas de las culturas, de las filosofías, de muchas de las religiones…, TODOS SOMOS UNO, todos somos lo mismo. Los átomos, juntos, forman la materia. Las células, juntas, forman tejidos, órganos. Los órganos forman sistemas, y un conjunto de sistemas forma lo que somos cada uno de nosotros: un ser humano. Los seres humanos formamos familias, comunidades, pueblos, ciudades, países… Unidos a otros animales y a la vida vegetal formamos ecosistemas, y el conjunto de estos forman el planeta Tierra. Nuestro planeta, junto a otros astros, forma el sistema solar, y cientos de miles de sistemas solares forman nuestra galaxia… Así, hemos llegado hasta el Universo… Llegamos a lo macroscópico, desde lo pequeño, lo microscópico, desde el mundo subatómico. Y una vez hecho este ejercicio para ponernos en situación, podemos ver todas aquellas realidades que formamos y que nos forman. Para que su funcionamiento sea correcto, es necesario e imprescindible que desarrollen un trabajo en equipo. Que juntos, trabajando en la misma dirección, permitan que aquello que conforman tenga un desarrollo y funcionamiento óptimo. Si las células que forman nuestros pulmones viviesen en una guerra constante en la que defender sus intereses particulares, su propia identidad… nos veríamos abocados a, quizás, padecer una enfermedad o un desequilibrio funcional, tal vez un cáncer…
Creo que la reflexión anterior es suficiente como para plantearse que algo no cuadra en el funcionamiento actual de algunas cosas. Podríamos pensar que las separaciones y los distintos intereses, las particularidades, etc.… son aquellas que generan desequilibrios, algunos tan graves como para poner en peligro hasta nuestra propia vida. Llegados a este punto, habremos entendido que es el EGO, y no otro, el causante de esa separación. ¿Qué es el EGO sino una parte de nosotros que trata de apoderarse de todo nuestro ser con el fin de llevar el control? El EGO fue una herramienta necesaria e imprescindible en nuestro camino hacia la consciencia. Él nos permitió ser conscientes de que existíamos, de que vivíamos. Pero una vez este despertar se dio, el sentido y utilidad del EGO no debió seguir creciendo y creciendo, no debimos permitirle que tomase el control de todo nuestro ser. No reniego del EGO como parte de nosotros, reniego de él como el motor y cerebro de todo nuestro ser. Como el capitán del barco…
Hasta aquí, una visión más o menos conceptual de este tema. A partir de ahora lo trataré de una forma un tanto distinta:
El EGO es la parte de nosotros que, entre otras cosas, nos permite diferenciarnos de lo que nos rodea, de los que nos rodean. Nos hace, de alguna manera, que pensemos en el singular, en vez de en el plural de la primera persona. Esto nos lleva a un eterno y cansino YO, en vez de un NOSOTROS. Crea también el TÚ y ÉL. Por lo tanto, esa separación, ya no solo con el resto de elementos que componen nuestro universo, sino con el de nuestra propia especie, nuestra propia comunidad, nuestra propia familia… nos hace comenzar a sentir una extraña sensación interna: el MIEDO. Éste nace al enfrentarnos a la posibilidad de que ese estatus de individualidad se pierda y que dejemos de ser únicos. Hemos creído, falsamente, que al desaparecer el YO, desaparecemos nosotros mismos. No se trata de desaparecer, se trata de integrarnos. Como si de una gota de agua se tratase, que regresa al inmenso océano; ésta no pierde su conciencia como gota, lo que gana es su conciencia como océano. ¿Os suena la típica frase en día de boda, “No pierdes a una hija, ganas un hijo?” Creo que describe perfectamente la correcta actitud para afrontar esta situación.
En un ejercicio para evitar perder ese YO, lo que hacemos es potenciarlo, reforzarlo. Hacerlo todavía más y más grande, más y más fuerte. Y como no podía ser de otra forma, entonces el MIEDO se hace más y más grande, más y más fuerte, más y más peligroso. No olvidemos que este miedo nace de perder, y cuanto más grande e importante es lo que podemos perder, más y más grande es el MIEDO. ¡Y con ese miedo nos lanzamos al mundo! Cualquier elemento que nos rodee, ya sea persona, animal, situación, etc… es un potencial peligro para nuestra integridad. Lo desconocido y no controlable es un temor todavía mayor para nuestro EGO. Y comenzamos, por un lado, a tratar de tenerlo todo controlado, y por otro, a tener una posición defensiva con relación a todo lo que nos rodea. Siempre fue evidente que pensamos que una buena defensa empieza con un gran ataque, y así nos fuimos haciendo, ¡cada vez más y más agresivos!
Es evidente que una parte de nosotros lucha contra ese EGO, quiere confiar, quiere amar, quiere integrarse con su entorno, pero la lucha es dura y el EGO es un combatiente aguerrido que siente que tiene mucho que perder.
El MIEDO a que nos quiten, nos impide dar. El MIEDO a que nos ataquen, nos hace defendernos. El MIEDO a que nos asalten, nos lleva a levantar muros. El MIEDO a que no nos correspondan, nos lleva a no amar. El MIEDO a que nos decepcionen, nos lleva a no confiar. El MIEDO a no encontrar, nos lleva a no buscar. El MIEDO a padecer escasez, nos lleva a ser avaricioso y acaparar recursos. El MIEDO a lo desconocido, nos lleva a atacar al que nos trae conocimiento… El MIEDO, como semilla, fue plantado hace cientos de generaciones en nuestros corazones, y si queremos sacarlo de ahí, debemos apostar por reconocer al EGO como fuente del MIEDO, y al MIEDO como fuente del MAL.
A pesar de que muchas corrientes hablan de desintegrar al EGO, como medio para librarnos del miedo y del sufrimiento que nos trae, yo apuesto por integrarlo a nuestro ser. Para ello, basta con no darle la categoría de grandeza, y considerarlo como una de muchas útiles herramientas que poseemos todos los seres para avanzar en nuestro camino. Empecemos por poner al ego, al yo y al miedo en minúsculas. Comencemos a escribir una nueva literatura, con un NOSOTROS en mayúsculas.
Miedo a la muerte, miedo al dolor, miedo a sufrir, miedo a ser abandonados, miedo a que nos hagan daño, miedo a hacer daño, miedo a depender, miedo a perder, miedo a no ser aceptados, miedo al futuro, miedo a lo desconocido, miedo a lo que no podemos controlar.
¿El peor miedo?, el miedo al miedo (que nos hace entrar en una rueda que no deja de girar).
¿El más curioso?, el miedo a ganar.
Y una pregunta sobre el miedo… Si en nuestro interior existe un enorme mundo; en nosotros, incalculables poderes; si existe un mundo más allá de lo que conocemos, otras dimensiones; si el océano es mucho mayor que la orilla en la que estamos jugando con la arena, como si fuésemos niños; todos esos miedos a lo desconocido, a lo que no podemos controlar, a lo que no podemos entender, a ganar, al miedo… ¿no estarán haciéndonos perder el verdadero sentido de la vida, la verdadera realidad, nuestra esencia, y el viaje a nuestro confortable hogar?
Para muestra, un botón. Esta frase deja bien a las claras la relación que tiene el miedo con las luchas entre las distintas clases sociales: “Los de arriba tienen miedo a que el suelo se hunda bajo sus pies y los de abajo tienen miedo a que el techo se les caiga encima”.
Después de tratar un tema que puede resultar algo duro, me gustaría acabar con una nota de esperanza y color. Una prueba de cómo es bendecida la vida cuando logramos dejar de lado nuestra individualidad mal entendida: “ A lo largo de nuestras vidas, hay un momento muy especial en que logramos experimentar de alguna manera la belleza, la armonía y la paz, que se alcanza cuando dejamos nuestro ego de lado y aceptamos perder nuestra individualidad para formar un todo. Esto se da cuando encontramos a alguien especial y nos unimos a él con el fin de vivir una vida común, marcada por buscar lo mejor, no para nosotros mismos, sino para los dos. Es entonces cuando sentimos que podemos, juntos, conquistar el mundo”.
Daniel Sotellino

1 comentario:

Tus aportaciones son muy valiosas. GRACIAS POR TU COMENTARIO.